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La revolución del turismo en Cuba

Por: CHARLY MORALES VALIDO

Más allá de connotaciones históricas, el término “revolución” retrata como pocos, la metamorfosis experimentada por el turismo cubano durante el pasado medio siglo: de ser un burdo cliché de playas, sol y hembras voluptuosas, a convertirse en uno de los principales motores de la economía y la cultura nacional.

Tabla de flote durante los oscuros años del Período Especial, la llamada industria sin chimeneas celebra los 50 años de la Revolución rompiendo récords de turistas y posicionándose en más y mejores mercados, pese a las trabas que impone Estados Unidos para sabotear tal crecimiento.

Aun con tales obstáculos, la mayor de las Antillas se afianzó como un destino de preferencia en el Caribe al rebasar por quinto año consecutivo la cifra de dos millones de visitantes extranjeros, esta vez más temprano que nunca.

Gracias a tal afluencia, Cuba recibió la actual temporada alta con un crecimiento de 10,7 por ciento respecto a igual fecha del pasado año, con su consiguiente repercusión positiva en la sociedad.

Amen de los empleos que genera, los ingresos del turismo favorecen el desarrollo de otros sectores: el pasado año, esta “locomotora” de la economía ingresó dos mil 200 millones de dólares, solo superada por las exportaciones de níquel.

Tales resultados e impacto social contrastan con el panorama del sector antes de 1959, cuando casi todos los turistas eran estadounidenses que venían por dos o tres días a Varadero, o a gastarse los dólares en los casinos y burdeles de La Habana.

Alcanzar hoy tal grado de excelencia y competitividad ha sido una odisea debido a la guerra económica de Washington, que solamente el pasado año le costó al turismo cubano pérdidas sobre los mil 419 millones de dólares.

Múltiples son las causas: desde el cierre de sitios web que divulgaban opciones de viaje a Cuba, como www.ciaocuba.com y www.bonjourcuba.com, hasta el chantaje a empresas extranjeras que mantienen relaciones con servicios turísticos cubanos.

Otros engendros, como el Plan Bush, intimidan a sucursales de cadenas hoteleras estadounidenses radicadas en terceros países, en tanto aerolíneas que operan hacia la isla han sufrido pérdidas superiores a los dos millones de dólares.

Es cierto que tal acoso salva a Cuba actualmente de sufrir pérdidas millonarias por el efecto de la recesión en Estados Unidos, pero sin dudas la normalización de las relaciones entre ambos países generaría beneficios inmediatos en este sector.

Por ejemplo, una investigación de la Agencia de Viajes de América ante la Comisión de Comercio Internacional reveló que si Estados Unidos levanta la prohibición que impide a sus ciudadanos viajar a Cuba, alrededor de un millón 300 mil turistas de estancia y medio millón de cruceristas norteamericanos visitarían la isla en corto plazo, cifra que en un futuro cercano aumentaría a unos cinco millones de visitantes anuales.

Tampoco debe olvidarse que antes del triunfo de la Revolución, el 87 por ciento de los viajeros que visitaban Cuba provenían de Estados Unidos, un caudal de ingresos que emigró hacia Cancún, República Dominicana y otras islas caribeñas.

Sin embargo, mientras dichos destinos sufren un alud de reservaciones canceladas y despidos de personal por la actual crisis financiera, Cuba tiene sus hoteles llenos y espera cerrar el año 2008 con dos millones 340 mil visitantes, cifra récord.

Entre otras razones, ello obedece a que la crisis global ha afectado poco a Canadá, su principal fuente de turistas, y a los mínimos daños sufridos por los hoteles cubanos tras el devastador paso de los huracanes Gustav, Ike y Paloma.

Es más, ni siquiera dicho azote de la naturaleza —que dejó pérdidas cercanas a los diez mil millones de dólares— trastornó los planes ya aprobados de construir 50 “hoteles-boutique” y remodelar unas 200 instalaciones hoteleras.

Ocurre que la demanda crece: según datos oficiales, este año aumentó un 11 por ciento la cantidad de visitantes extranjeros, atraídos por los baratos planes “todo-incluido”, con vuelos directos y grandes descuentos en alojamiento, comida y bebida.

Además, a muchos le seduce la idea de conocer in situ un sistema diferente, que precisamente sobrevivió a la caída del campo socialista gracias al turismo, pues Cuba encontró en sus paisajes y cultura una fuente inmediata de ingresos para salvar a la Revolución y sus conquistas sociales.

Si bien tal solución creó problemas como la prostitución y el éxodo profesional hacia ese sector de la economía, el país logró capear el Período Especial y se consolidó como potencia turística, pues descubrió todas sus potencialidades y aprendió a explotarlas.

Atrás quedó, afortunadamente, la etapa en que todo se limitaba a “sol bueno, mar de espuma y arena fina”. Ahora hay turismo para escoger: social, cultural, de eventos, ecológico, de salud, histórico…

Otro acierto fue comprender que, en materia de playa, Cuba es muchísimo más que Varadero y Cayo Largo: en la paradisíaca plataforma insular surgieron polos turísticos como Jardines del Rey, Guardalavaca, los cayos Coco, Guillermo y Santa María, etc.

Para acometer tal explotación, el gobierno aprobó la creación de empresas mixtas y corporaciones con capital foráneo, y el turismo lideró durante los últimos tiempos la inversión extranjera en Cuba, solo superado este año por la exploración del petróleo.

Con un predominio inicial de los viajeros del Viejo Continente —en especial España, Italia y el Reino Unido—, Canadá aporta actualmente el 35 por ciento de los turistas que visitan Cuba, aunque el espectro de nacionalidades se abre aún más.

Por ejemplo, potencias económicas como China, Rusia y Vietnam también miran con buenos ojos el destino Cuba.

Cada año llegan procedentes del Gigante Asiático unos 12 mil turistas, cifra que podría duplicarse a corto plazo mediante la práctica el turismo multidestino, que beneficiaría además a México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe.

A su vez, el pasado año aumentó a 40 mil el número de turistas provenientes de Rusia, que envió una delegación de parlamentarios y hombres de negocios para patentizar su interés en invertir en este sector.

Otro tanto hizo Vietnam, cuya vicepresidenta Nguyen Thi Duan sentó las bases de una empresa mixta para el desarrollo turístico, proyecto que incluye la construcción de un campo de golf y varios hoteles.

Asimismo, la excelencia del turismo cubano ha sido mundialmente reconocida con premios como el Primo Neckermann Reisen, la Corona de Oro y el World Travel Award al Mejor Resort del mundo, ganado por el Sandals Royal Hicacos de Varadero.

Entre tales galardones sobresalen par de premios World Traveler Choice, resultado del voto de 167 mil profesionales del turismo en todo el mundo, y considerado por el Wall Street Journal como el Oscar de la industria turística.

Según pronósticos preliminares, Cuba recibirá para el 2010 de cinco a seis millones de los 27 millones de turistas previstos para el Caribe, sin incluir en esa cifra a los estadounidenses que vendrían de ser levantadas las restricciones de Washington.

Sin dudas, una proyección como para frotarse las manos, que además estimula la mejora en los estándares de calidad del servicio, y la exploración de nuevos campos potenciales que enriquezcan la experiencia turística de los visitantes.