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Cuba frente a Estados Unidos: 50 años después

Por: RAMÓN SÁNCHEZ-PARODI MONTOTO

Siempre que se nos invita a expresarnos sobre el tema, comenzamos enfatizando que las contradicciones entre ambos países no comenzaron a partir del triunfo de la Revolución, sino a partir de la materialización de la independencia de Estados Unidos en la última década del siglo XVIII. La razón está bien reflejada en los documentos y las acciones de los dirigentes norteamericanos de la época: Estados Unidos ambicionaba apoderarse del territorio cubano, aún desde cuando este territorio caribeño era una posesión colonial española.

El deseo norteamericano era impedir la independencia de Cuba y cuando España ya no pudiese ejercer su dominio sobre la isla, tomarlo en sus manos, preferiblemente comprando el territorio a la Corona española. La teoría de la fruta madura” de John Quincy Adams; la doctrina Monroe y la concepción del “Destino Manifiesto”, junto a las numerosas gestiones norteamericanas ante el gobierno de Madrid para adquirir mediante compra el territorio cubano, atestiguan este proceder norteamericano.

Al intervenir en 1898 en la guerra de independencia de Cuba lanzada por Martí, Estados Unidos desplazó la dominación española, frustró la verdadera independencia de Cuba y estableció un mecanismo de control, que supeditaba el desarrollo cubano a los intereses norteamericanos. La situación duró hasta el 1º de enero de 1959, cuando Batista huyó y las fuerzas revolucionarias con el abrumador apoyo popular, se convirtieron en el poder dominante en Cuba, a pesar de los intentos del gobierno de Eisenhower para mantener el esquema de opresión que había existido por casi seis décadas.

El proceso de transformaciones revolucionarias en Cuba fue rápido y profundo. En abril de 1961, vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón, en ocasión del entierro a las victimas del artero ataque a los aeropuertos cubanos, Fidel pudo proclamar el carácter socialista de la revolución, bajo cuyas banderas tuvo lugar lo que con toda justeza fue proclamado como “la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina”. Principal protagonista de esa gesta fue el pueblo armado encuadrado en las filas de las Milicias Nacionales Revolucionarias y el Ejército Rebelde.

Las líneas principales de la política del gobierno de Estados Unidos quedaron determinadas desde el inicio del triunfo de la Revolución: bloqueo económico y comercial, para negarle a Cuba recursos que pudiera emplear en su desarrollo económico y social y fomentar así el descontento en el pueblo; aislamiento político y diplomático para impedir el apoyo a Cuba de la comunidad internacional y dejar el campo acierto a la agresión militar de Estados Unidos contra Cuba; fomento de las acciones subversivas contra Cuba mediante el terrorismo, el sabotaje y las acciones de guerra sicológica para tratar de crear el caos en Cuba que justificase la acción final: la invasión del territorio cubano por las fuerzas armadas regulares de Estados Unidos para derrocar el Gobierno Revolucionario y restaurar un régimen integrado por los elementos dispuestos a servir a los intereses del imperialismo yanqui.

Después de intentarlo durante cinco décadas, Estados Unidos ha fracasado en su política de agresión contra Cuba porque se ha estrellado contra la principal arma de la revolución: la unidad del pueblo. Pero también el pueblo cubano ha enfrentado los designios imperialistas de otras formas: el apoyo al socialismo; el rechazo a los “cantos de sirena” sobre las bondades del “modo de vida americano”; la participación activa en la construcción de una sociedad más democráticas, justa, equitativa y solidaria; la práctica consecuente del internacionalismo y la solidaridad con los causas de los pueblos explotados; el enaltecimiento de las virtudes de la fraternidad, el desintereses, la honestidad y la dignidad.

Los resultados saltan a la vista del mundo entero. Cuba es más fuerte hoy que nunca antes en su historia. Su pueblo es más preparado y con un espíritu patriótico y revolucionario más acendrado, a pesar de las incesantes agresiones, las adversidades naturales y nuestros propios errores y deficiencias. Del otro lado, Estados Unidos se ve cada vez más aislado en su actuación contra Cuba y su población está sufriendo en carne propia las desastrosas consecuencias de los garrafales y criminales errores estratégicos cometidos por sus gobernantes.

El ejemplo de Cuba vive y perdurará por siempre en la historia de la humanidad.